Historia
Es Benidorm a la vez una gran ciudad y un pueblo grande, son dos de sus virtudes. En 1950 tenía únicamente unos 2700 habitantes, muchos de los cuales pasaban una gran parte del año trabajando en alta mar, a veces muy lejos de Benidorm.
Aunque se encontró un yacimiento arqueológico interesante en el Tosal, así como un poblado Íbero y unas termas romanas en el actual emplazamiento de Terra Mitica, lo cierto es que, lo que hoy es término municipal de Benidorm, formaba parte de la Baronía de Polop, situada un poco más al interior y con un castillo más fácil de defender que a la Torre de Vigilancia y el Castillo de Benidorm.
Benidorm, precisamente por la amenaza que suponía tener la Isla a un tiro de piedra, y en la que se podía atracar, y desde allí hacer incursiones hacia el litoral con la retaguardia cubierta, no ha sido hasta los últimos decenios un asentamiento urbano de importancia. Era muy vulnerable desde el mar, de donde venían los peligros de piratas y berberiscos. Y era poco habitable en tierra, porque faltaba el agua de beber y de regar. Buena tierra, pero improductiva por falta de agua y riego. Y buen mar, pero no tanto para pescar cerca, como para trabajar emigrando muy lejos
Los benidormenses tienen un largo historial de pesca, no tanto local como de pesca de altura. Hasta los años cincuenta, puede decirse que un gran número de capitanes o arraces de las almadrabas del litoral español y del norte de África eran benidormenses. En una almadraba atlántica llegaban a trabajar, en la costa de Cádiz, casi doscientas personas, cuya coordinación exigía una gran capacidad, que sin duda los benidormenses utilizaron como saber acumulado para el posterior desarrollo económico de su pueblo. Pero además de pescadores de almadraba, los benidormenses eran y sobre todo destacaron como grandes marinos, al servicio de las compañías navieras, especialmente en los años comprendidos entre 1880 y 1930. En esta época en que la compañía Transatlántica estaba entre las diez más importantes del mundo, existen pruebas de que diez de los capitanes de esta compañía, que surcaban los siete mares, eran benidormenses.
Pero no sólo eran capitanes de buques, sino prácticos de grandes puertos, pilotos, jefes de máquenas, radiotelegrafistas, contramaestres y en general cargos de cierta importancia de la marina mercante. Varias familias descendientes de aquellos se han preocupado de elaborar una lista de benidormenses marinos que supèran los dos centenares.
La realidad es que no era un pueblo de pequeños pescadores, sino de grandes marinos, mercantes y pacíficos. Parece lógico deducir que el haber dado la vuelta al mundo proporcionaba a los benidormenses que volvían a descansar, a su vuelta un sentido universalista de las cosas, mayor tolerancia, un carácter liberal, un seguro cosmopolitismo, una cierta iniciación a los idiomas y a otras culturas y un quinto sentido para el negocia de la hostelería y el turismo.
Sólo así se explica que en Benidorm exista, por un lado, una actitud acogedora hacia los nuevos residentes que implantas nuevos negocios, y paralelamente, un control social público y privado del proceso de crecimiento de la ciudad, que hace, que, a diferencia de otras zonas, como la Costa del Sol o Canarias, aquí no se hayan producido ni desastres ecológicos y urbanísticos ni quiebras immobiliarias de importancia. Se integra y se hace bienvenidos a los que van haciendo crecer la ciudad, y existe una ley no escrita que implica el amor a la ciudad y el estar orgulloso de ella, por lo que no caben las actitudes de ganancia fácil y rápida: tierra quemada o dinero-basura no es amar Benidorm